Fueron muy importantes los resultados de la elección intermedia de 2020 para este país. Pasada la jornada se hicieron todo tipo de análisis que veían los clarososcuros del desempeño de los partidos de oposición en el Congreso. Yo pienso que la elección fue un parteaguas. Haberle quitado la mayoría calificada al partido del presidente en la Cámara de Diputados está haciendo una diferencia. El presidente no se contiene, por supuesto. Él avanza su proyecto emitiendo acuerdos, decretos, y proponiendo leyes que son contrarias a la Constitución. Pero no puede cambiar nuestro ordenamiento jurídico más importante. Y aquí está el detalle: lo que el presidente hace y deshace está sujeto al control constitucional. Y la Suprema Corte, eventualmente se tendrá que manifestar.

Debo confesar que me gustaría ver a nuestra Suprema Corte más decidida a desempeñar su rol de Tribunal Constitucional. Que fuera más enérgica y expedita para decirle al presidente que así NO, que violar la Constitución no se vale. Por esa impaciencia que a veces nos supera, es que en México Evalúa constituimos un Observatorio de la Suprema Corte de Justicia, para conocer la ruta procesal y tiempos que toma a un asunto ser resuelto. La conclusión de este estudio es que hay discrecionalidad en los tiempos, y poca transparencia en la información sobre las fases del proceso. Y estos elementos ayudan a los amigos del presidente en la Corte a postergar decisiones. A hacer tejes y manejes contrarios al Estado de derecho.

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