Me quiere dar algo cada que escucho a analistas de mercados decir que los indicadores de las finanzas públicas en México se ven bien. No comparto su opinión, pues nos fijamos en cosas distintas. Para los analistas lo importante es que el país no pierda la capacidad de cumplir con sus compromisos financieros a cabalidad. No atienden a cuestiones más específicas en materia presupuestal y mucho menos a los impactos micro. Desde mi perspectiva, que se construye a partir del trabajo y análisis de mis colegas en México Evalúa, lo que veo (vemos) es un deterioro muy profundo de la hacienda pública, lo que equivale al deterioro de la capacidad del Estado. Un deterioro que nos pega a usted y a mí y también a generaciones futuras.

El debilitamiento de las finanzas públicas es paulatino pero sostenido. Un amigo querido, economista muy bueno (no doy su nombre porque no pedí autorización para citarlo), sostiene que López Obrador recibió una hacienda pública profundamente debilitada. Y no lo dice textualmente, pero lo da a entender: lo que hemos visto en los últimos años casi no tiene parangón en términos de deterioro, y sin embargo no se nota (por lo pronto).

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