Gracias al foro que organizó la senadora Patricia Mercado la semana pasada, la propuesta de un ingreso vital de emergencia cobró un nuevo aliento. Vale la pena recordar que desde el mes de marzo, Nosotrxs propuso establecerlo a la brevedad, con el respaldo de varias decenas de
organizaciones de la sociedad civil (www.ingresovital.org). Desde un principio, también, las diputadas Laura Rojas, Lorena Villavicencio, Martha Tagle y Verónica Juárez hicieron suya la idea, sin haber escatimado ningún esfuerzo para impulsarla. En el camino, más de cien legisladores se han pronunciado a favor y varios de ellos han presentado iniciativas en el mismo sentido. Y el pasado 9 de julio, en fin, el líder de Morena en el Senado de la República reconoció, en aquel foro, la importancia de abrir el debate, tal como lo había expresado antes Alfonso Ramírez Cuéllar, en una reunión pública con los consejeros del movimiento Nosotrxs.
No es cosa trivial que cada día se sumen nuevas voces y nuevos argumentos a favor del ingreso vital de emergencia. Al foro convocado por Patricia Mercado el jueves pasado asistieron legisladores y militantes de Costa Rica, Chile, Colombia, Argentina, Uruguay y Brasil, todos de izquierda y todos convencidos de la enorme importancia de esa medida que ya ha sido
adoptada —con distintas características, limitaciones y denominaciones— en sus propios países. Tampoco es cosa menor que al día siguiente del foro convocado por el Senado de México, se hayan reunido los líderes progresistas de la región que conforman el llamado “Grupo
de Puebla” —al que concurren personajes como Alberto Fernández, José Mujica, Ernesto Samper o Dilma Rousseff, entre otros— para coincidir en la relevancia de establecer una renta básica universal que venga en auxilio de los más de 90 millones de individuos que este año carecerán del ingreso mínimo para sobrevivir, en toda América Latina. Todos entienden que el
ingreso vital de emergencia es lo menos que puede otorgarse, tras haberle impedido a la gente que salga a ganarse el pan suyo de cada día.
En ambos encuentros internacionales, se plantearon dos ideas que van de la mano con el ingreso vital de emergencia: de un lado, la necesidad de modificar los sistemas fiscales vigentes, para incrementar la función redistributiva del Estado. No se trata solamente de que contribuyan más quienes ganan más y han acumulado más capital, sino de que esas
contribuciones adicionales se dirijan inequívocamente a respaldar el ingreso de los más pobres y de que esos dineros se pongan a salvo de cualquier desviación con fines electorales. Dicho de otra manera: que cada nueva contribución de los más ricos vaya directamente al ingreso de los
más pobres, sin exclusiones ni sesgos políticos ni más intermediación que la indispensable para depositar en las cuentas de quienes lo necesitan para sufragar casa, comida y sustento.
Ese dinero no debe emplearse para sufragar los proyectos de los gobiernos sino para ayudar la gente.
De otra parte, se habló de la necesidad de promover líneas especiales de crédito solidario ante el sistema financiero internacional, para paliar los efectos laborales de la pandemia y promover la redistribución de la riqueza acumulada de modo muy desigual entre los países de la región,
como sucedió en su momento en Europa, cuando los gobiernos socialdemócratas se aliaron para impulsar entre todos el bienestar de la gente y lograron construir la sociedad de clases medias más sólida y más democrática de toda la historia del mundo.
Empero, para llegar hasta allá hay que comenzar por el primer paso, estableciendo por estos lares un ingreso vital de emergencia. Y en este sentido, la señal emitida desde el Senado mexicano es alentadora, pues servirá al menos para seguir debatiendo y acumulando evidencia
para tomar decisiones.
Por: Mauricio Merino
Fuente: El Universal


















































