Colombia camina hacia las urnas cada día más polarizada. Las desigualdades sociales, agravadas por la pandemia, han exacerbado aún más la ya habitual sensación de encono. La carrera presidencial es desde hace tiempo una pelea entre dos, el líder de las izquierdas, Gustavo Petro y el candidato de la derecha, Federico Fico Gutiérrez. Dos modelos opuestos. Es difícil encontrar a estas alturas de la campaña algo que una a la mayoría de colombianos, pertrechados en sus posiciones entre mantener el statu quo, que representa Fico, o adentrarse hacia el terreno de lo desconocido, con Petro, en un país en el que nunca ha gobernado la izquierda. Pero existe un elemento que une a una amplia mayoría. Ocho de cada diez personas nombra la corrupción como el mayor de sus problemas, por encima de la desigualdad y la pobreza, según una encuesta de 40dB para EL PAÍS.

La percepción de que no se juega limpio se extiende a todas las capas de la sociedad, desde pequeños sobornos para obtener beneficios en la vida cotidiana, nepotismo hasta en las más altas instituciones del Estado o entramados a gran escala que afectan a empresas privadas o públicas. La idea de una corrupción que lo entrampa cubre a todo el sistema de poder y hunde la valoración de las instituciones políticas, del presidente a los partidos. Los colombianos votarán el próximo 29 de mayo para elegir al sucesor de Iván Duque en medio de un enorme desencanto. El 80% de los encuestados asegura que no está satisfecho con el funcionamiento de la democracia en el país y el 60% se siente temeroso respecto al futuro político.

Para leer noticia completa: Clic aquí