El procurador General de la República, Raúl Cervantes, asegura que en el combate a la corrupción, va tras gobernadores; no mandos medios; investigaría hasta al presidente, dice
Tras el escritorio de la Procuraduría General de la República (PGR) se encuentra sentado un hombre que se hizo abogado por admiración a sus padres, quienes se conocieron litigando. En su casa, cuando era niño, veía como dictaban amparos y desde que estaba en la secundaria acompañaba a su padre a la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Raúl Cervantes llegó a esa silla con el sambenito de ser un hombre cercano al presidente Enrique Peña Nieto. Sin embargo, asegura que como procurador no tendría ningún conflicto, en un hipotético caso, para investigar al jefe del Ejecutivo, aun estando en funciones o después del término de su mandato.
El procurador recibe a EL UNIVERSAL en su oficina de Paseo de la Reforma, un moderno edificio que han ocupado antes que él siete predecesores: dos del sexenio de Vicente Fox, tres de la administración de Felipe Calderón y dos durante el actual gobierno, y habla de temas coyunturales. La lucha contra la corrupción y los casos de los ex gobernadores de Sonora y Veracruz, de la decisión presidencial de no permitir que tenga pase automático de procurador a fiscal general, y del caso Ayotzinapa, que ha marcado a este gobierno.
Asegura que se está combatiendo la corrupción desde arriba, y pone como ejemplos los casos de los ex gobernadores Guillermo Padrés (PAN), de Sonora, y Javier Duarte (PRI), de Veracruz. En ambos dice que se va por las cabezas, no por los mandos medios.
“Lo que a la gente le molesta es que se sancione en temas de corrupción a mandos medios, lo importante aquí es llegar a las cabezas de quienes las armaron [las redes de corrupción], de quienes fueron los beneficiarios y poderlos llevar ante la justicia”, dice
Procurador, usted es un hombre que como político y como abogado ha trabajado muy cerca del Presidente de la República. ¿Usted cree que podría ser objetivo, si fuera el fiscal general y tuviera que investigar al Presidente en este momento o después de su mandato. Lo podría hacer de manera objetiva?
– Sin aceptar lo del fiscal, yo, como procurador, también lo haría. La procuraduría tiene una autonomía técnica, y uno es autónomo en la medida que se tiene respeto a sí mismo. Me han dicho mucho de la gran cercanía con el Presidente, yo quiero decir la frase que él dijo el día que me invitó: ‘Te conozco muy poco, pero te tengo una gran confianza como abogado’, y es la verdad. Yo creo que, ahora sí, estando de procurador, llegamos a unas nueve o 10 veces que lo he visto, antes eran seis o siete, tanto como gobernador como Presidente. Lo que sí es cierto, y él me lo acordaba, todas las demás lo vi como presidente del Senado en eventos públicos.
Es que yo soy del cómo sí. Cuando había juicios muy importantes que decían que no se podían ganar, me los asignaron a mí, y la verdad es que, quizá con la bendición de la vida y con talento es que los pudimos sacar adelante y se ganaron esos juicios, a eso se refiere la confianza.
Pero mucho más allá de la relación personal, no sólo se tiene relación personal con él, sino con cualquier otro ser humano, familiar, etcétera. La ley siempre señala el marco jurídico en el que tú puedes desarrollar el ejercicio de la acción penal y estoy convencido que la autonomía se da contigo mismo. He sido autónomo en decisiones muy complicadas, muy difíciles, política y técnicamente como presidente del Senado, y la Cámara Alta en su conjunto, todas las fuerzas políticas lo reconocieron, hubo reconocimiento también de fuerzas académicas… Lo único que puedo decir es que siempre que he ejercido la profesión, lo he hecho con mi criterio, puedo equivocarme, pero con mi criterio, no con uno externo.
Muchos abogados sueñan con ser procurador General de la República o con ser ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. ¿Usted ha tenido esos dos sueños?
– El contacto con la Corte es uno hasta emocional. Mi padre, que me enseñó a litigar, yo lo acompañaba a la Corte desde que iba a la secundaria. El presidente de la SCJN era Jorge Iñárritu, con el cual llegué a tener una gran amistad. Varios ministros actuales y en retiro son testigos de mi relación, desde muy joven, con el ministro don Jorge Iñárritu, por eso estudió la especialidad. Don Jorge quería que yo hiciera carrera judicial. La vida a veces te va dando caminos. Empezó el tema de la Corte en 2009, cuando en el Congreso [ha sido dos veces diputado federal y hoy es Senador con licencia] me decían el constitucionalista, porque si había una acción de inconstitucionalidad la revisaba yo, si se quería ver un tema de controversia constitucional lo revisaba yo, mi principal responsabilidad era que los dictámenes que pasaban a mi revisión tenían que cruzar por un análisis de constitucionalidad en ese momento, y posteriormente, de regularidad constitucional, que significa hacer también el control convencional. En ese camino yo pedí licencia, hice mi libro, hice un año sabático, cuando vi las resistencias [para llegar como ministro de la Corte], yo mismo dije uno debe estar mucho más encima de las circunstancias y por lo tanto regresé a mi escaño.
FUENTE Y ARTÍCULO COMPLETO: El Universal


















































