La violencia es un fenómeno que nos arrasa. En un país donde un punto de origen –el año 2007—ha generado dinámicas profundas y diferenciadas que se traducen en homicidios, feminicidios, desapariciones, tortura y las más diversas formas de crueldad, existen pocos puntos de comparación o referentes de dónde estamos después de todos estos años. No estamos en un escenario postbélico. Tampoco podemos trazar la genealogía de la violencia en la operación de un régimen político diseñado para el terror. Las olas de violencia van y vienen en los diversos territorios y no es difícil, sino ingenuo y poco sensible, plantear la idea de un antes y un después. Entonces, ¿qué podemos reconstruir después de tantos años? ¿A qué podemos dar sentido?

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