México vive un final de campaña convulso. La ola de protestas que sacude los estados del suroeste, en especial Oaxaca, Michoacán y Guerrero, se ha recrudecido y ha desembocado hoy en fuertes choques con las fuerzas de seguridad. La Embajada de Estados Unidos, ante el deterioro de la seguridad, ha emitido un mensaje de urgencia para que no viajen a Oaxaca, epicentro de las protestas. “Incluso las manifestaciones pacíficas pueden volverse ahí violentas”, indica la nota diplomática.

En la vanguardia de la movilización figura la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), un sindicato rebelde que desde hace meses sostiene un enconado pulso con el Gobierno. Su intención declarada es boicotear las elecciones del próximo domingo si el Ejecutivo no retira por completo la reforma educativa. Los padres de los normalistas también han anunciado su intención de impedir los comicios mientras no se aclare el paradero de sus hijos y se aparte a los candidatos que, a su juicio, están vinculados al narcotráfico.

Uno de los puntos de más tensión se ha situado hoy en Tixla, un municipio muy cercano a la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, a la que pertenecían los estudiantes desaparecidos y asesinados el pasado 26 de septiembre. Allí, la policía estatal se enfrentó durante más de una hora a un grupo de padres de normalistas y de alumnos del centro. El encontronazo surgió cuando el convoy de autobuses en los que viajan los familiares, con destino a Chilpancingo, la capital de Guerrero, fue detenido por los agentes. El incidente, siempre según las primeras versiones, se agigantó a los pocos minutos. Mientras los padres lanzaban piedras, los agentes disparaban gases lacrimógenos. La llegada de 200 policías federales obligó a los normalistas a retirarse. El portavoz de los familiares culpó a las fuerzas de seguridad del ataque y anunció que el colectivo se mantiene firme en su intención de boicotear las elecciones…

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